16 de abril de 2016

Parto Humanizado en Guayaquil




Este blog ha recibido muchas visitantes interesadas en tener un #partohumanizado en Guayaquil, a partir del post que escribí sobre mi parto en casa. Después de certificarme como Acompañante en Bioneuroemoción, junto a Paulina Vallejo, doula y educadora perinatal, hemos organizado este taller dirigido a parejas que se encuentran en la "dulce espera". Se trata de una preparación no solo informativa sino realmente empoderadora, ya que está enfocado a liberar emociones de miedo, preocupación o ansiedad que puedan limitar de alguna forma, la hermosa experiencia de gestar y parir. 

Es de vital importancia para la vida de un ser humano, haber vivido su gestación en armonía, sintiéndose deseado y esperado por sus padres, ser el centro de atención de la madre, quien deberá postergar para otro momento las preocupaciones que le impidan disfrutar de este estado de gracia. 

Un embarazo saludable, física y sobre todo emocionalmente, es la pieza fundamental para llevarlo a término y conducirnos a un parto gozoso, una experiencia empoderadora para la mujer y su pareja. 

A continuación el programa del:


Taller de Preparación al Embarazo & Parto  


Día 1: Recuperando la alegría de gestar 

A través de ejercicios de escritura introspectiva y de meditación, iremos al momento en que recibimos la noticia de que nos convertiremos en padres. A muchos nos toma por sorpresa esta noticia, y las emociones que sentimos en ese momento y que no nos permitimos expresar, las ha sentido el bebé y puede marcar su autoestima de por vida. Sin embargo, podemos soltar estas emociones y conectarnos con un verdadero agradecimiento y seguridad. 

Realizaremos meditaciones basadas en el mindfullness, que con ciertas capsulas informativas nos harán conscientes de qué forma podemos prevenir enfermedades comunes en el embarazo como: preclamsia, placenta previa, retención de líquidos, partos prematuros, entre otras. 

El objetivo de este día, es que la mujer lleve su embarazo con alegría y seguridad, sintiéndose como una diosa llena de vida. 

Dia 2: Yo puedo parir 

La mayoría de las mujeres tenemos un miedo irracional al parto, lo cual es compartido al bebé y puede presentar complicaciones terminando en una cesárea. A través de ejercicios de liberación emocional, podremos reconocer estos miedos, y conectarnos con la sabiduría de nuestras abuelas. Para este día necesitamos una foto de nuestra abuela materna y nuestra madre. 

Trabajaremos sobre las creencias limitantes alrededor del parto, a la vez que compartiremos una guía de profesionales respetuosos y alineados al parto respetado. 

Día 3: El parto en familia 

El rol de la pareja es fundamental en el nacimiento de los hijos. En este día, haremos dinámicas para fortalecer el compromiso de ambos, en darle la bienvenida a su bebé, de la mejor manera. A la vez, ofreceremos entrenamiento en relación a la respiración, las posiciones para el parto, y recomendaciones importantes para el parto y posparto.


Lugar: Ollantay Gym, Tungurahua 508 y 9 de Octubre
Fechas: 7, 14, y 21 de Mayo del 2016 
Horas: 10h00 a 12h00 
Inversión: $160 por pareja 

Cupos limitados. 
Inscripciones y reservas: biogye@outlook.com; 0994106804 (Whatsapp o sms) 


Facilitadoras

Estefanía Aumala Encarnación, mamá, abogada activista de los derechos sexuales y reproductivos de la mujer. Investigadora de la sabiduría ancestral, el poder de la mente y la conexión con los ancestros. Tuvo su parto en casa, asistida por una ginecóloga y una doula, acompañada de su familia. Posteriormente se forma en el Enric Corbera Institute como acompañante en Bioneuroemoción, método para transitar emociones ocultas que originan enfermedades, y alcanzar la salud integral. 

Paulina Vallejo Barba, mamá, fotógrafa de profesión, formada como Doula y Educadora Perinatal por Cappa Latinoamérica. Co creadora del Colectivo Mujeres en Circulo Guayaquil, ha recibido la instrucción de Mama Andrea Herrera Atekokolli sobre sabiduría ancestral en temas relacionados con la relación de la mujer con su menstruación, el parto y posparto. Crea la marca "Continnum Ec", para brindar asesoría a las mujeres en su embarazo y parto, además del servicio de cápsulas de placenta. 

10 de mayo de 2015

Maternidad consciente



Jaimito, de cinco meses de edad, ha tenido resfriados recurrentes desde hace varios meses que a su corta edad es casi su vida entera.  Su madre Natalia está desesperada, los medicamentos que le administra por prescripción de su pediatra, solo hacen más llevadera la situación pero no ve la cura completa. Natalia me cuenta su historia, le explico sobre los diferentes campos (mental, emocional, energético) que forman nuestra aura, los mismos que la madre comparte con sus hijos hasta cierta edad. Le explico que lo que la madre siente y reprime, su hijo lo somatiza. Hasta ahí suena a metafísica incomprensible y hasta de dudosa procedencia. La intuición de Natalia le dice que su tristeza le está afectando a su hijo, pero no sabe cómo manejar esa situación. Luego viene su mente a cuestionarlo todo: Quien lo dice? Quién lo ha probado? Quién ha visto esos campos? Qué tiene que ver eso con que mi hijo tenga esta gripe espantosa? Si su médico escucha esta sarta de inventos nacidos de pseudociencias, Natalia quedará sentada en el banquillo de los acusados, repelada como a una niña ingenua tanto por su médico como su marido.

La humanidad se encuentra en un momento histórico, en el que la ciencia está comprobando muchas verdades que estas “pseudociencias” ya las sabían y aplicaban para sanar a las personas, y en el camino también se desechan ideas que realmente son meras supersticiones. Nuestros abuelos están contentos de que por fin se toma en serio las “limpias”, no porque te sacan los “demonios” sino porque despejan el campo energético que actualmente está bastante aceptado por la comunidad médica, que si existe. Por otra parte, la Bioneuroemoción está ganando mucho terreno en la comunidad científica. Actualmente Enric Corbera, uno de los padres de esta ciencia, imparte talleres en varias universidades del mundo, y cada vez es más palpable y demostrable, la relación de las emociones y la mente con la aparición de enfermedades y diferentes tipos de dolencias físicas, así como la programación para sanarlas de raíz.

Aplicando la Bioneuroemoción en el caso de Natalia y Jaimito, acudimos al diccionario de biodecodificación queen su formato más básico está disponible en internet. En el apartado de “gripe” indica: “Por medio de la gripe el cuerpo dice: "Ya no puedo más". Se presenta a menudo en la persona a quien le cuesta trabajo expresar sus deseos y manifestar sus necesidades.”. Al leer esta definición Natalia acepta que se ha sentido muy triste, recargada de responsabilidades y sin la contención emocional de su pareja ni de su familia, pero como “hay que ser fuertes”, no se ha permitido llorar, ni expresarle a nadie cómo se siente. Teme que le reprochen por ser débil, así que reprime la tristeza, la impotencia, y sonríe como si nada pasara, pero “la procesión va por dentro".

La emoción reprimida (aura emocional), se traslada al inconsciente de la persona (aura mental), y finalmente el cuerpo somatiza lo que inicialmente se ha reprimido. En el caso de Natalia, la tristeza reprimida, ha seguido ese camino hasta que su bebé, quien comparte esta aura emocional y no discierne que la emoción no es suya, somatiza presentando la gripe recurrente. Esta teoría está ampliamente explicada por Laura Gutman en su libro “La maternidad y el encuentro con la propia sombra”, que es una obra infaltable para toda madre. Los críticos de Gutman encuentran que en sus libros se culpa mucho a la madre por todo lo que le pasa a sus hijos, sobre todo por las enfermedades. 

No se trata de que la madre se sienta culpable de que sus emociones enferman a su hijo, sino que se de cuenta de qué es lo que siente (frustración, ira, tristeza, sobre preocupación,  etc.), encuentre un canal saludable para el desfogue, para que pueda ser expresada, y finalmente se libere de falsas creencias, de emociones tóxicas. Asimismo Gutman aconseja hablar con los hijos siempre, así se piense que no entenderán, el alma no tiene edad y entiende. Se les dice cómo se siente mamá, por qué se siente así, que la emoción es de mamá no del bebé, y que ya está trabajando internamente para sentirse mejor. Y cómo Natalia se sentiría mejor? Quizá permitiéndose llorar, quizá hablando con su pareja, buscando un acompañamiento amoroso con amigas que están pasando por la misma situación, o yendo hasta el fondo de esta tristeza.Las razones pueden ser miles, que podría ser una carencia afectiva de la niñez,  lo importante es que exista esta indagación, no por el malsano placer de sumergirse en la tristeza, sino para perdonarse o perdonar a alguien que la haya herido. Trascender esa tristeza hacia volver a nuestra esencia que es la alegría, la aceptación de que existe un “perfecto orden divino”, y de que se posee todo para ser feliz.


La maternidad nos puede mostrar el camino hacia la verdad, hacia la luz. Cualquier persona, tenga o no hijos, de forma consciente puede emprender ese viaje interior hasta sanar las carencias que vivió en la niñez, o las heridas que sufrió en algún momento de su vida, es decir sumergirse en sus sombras para entender el origen de sus bloqueos. En cualquier momento una persona puede hacer esa búsqueda y liberarse de resentimientos, miedos, odios, o ideas impuestas por la familia o la sociedad, y finalmente regresar a su esencia, a su verdad. Lo que sucede en la maternidad, es que si los hijos se enferman porque reprimimos nuestras emociones, haremos lo imposible porque ellos estén sanos, no solo los nutriremos de la mejor forma, iremos al médico, sino que iremos hasta el fondo de una alergia, de una gripe recurrente, de cualquier dolencia que ellos padezcan, indagaremos en nuestro inconsciente, y nos liberaremos y los liberaremos a nuestros hijos, de todo lo que hasta hoy ha detenido nuestra evolución. De otra forma, es solo una etapa más de la vida, como leí a un tipo que escribió sobre la maternidad “Es solo vida expresando vida”.

Finalmente dejo el video de Enric Corbera y Monserrat Batlló que habla sobre la importancia de ser madre. En la misma linea de este post, además de la maternidad consciente, hablan de la madre tóxica. No podía dejar de mostrar la otra cara de la moneda. Altamente recomendado este video!. 


7 de mayo de 2015

La Maternidad como camino a la Iluminación.

Les he cerrado todas las puertas a la publicidad por el día de la madre, pero esto es como un monstruo que se cuela por las hendijas, se filtra por los huequitos que no pudiste tapar,  hasta que finalmente lo ves. Hoy por la mañana se apareció ante mis ojos el comercial de una famosa galleta de dulce. Varias madres sentadas frente a la cámara, una por una iban narrando sus tristes historias, por un lado la alegría de ser madre pero por otro lado los quinientos mil sacrificios que tuvieron que sufrir para poder darles a los hijos el pan, la educación, el bienestar. Es que no les basta con ponernos la cancioncita “le pido a mi Dios rezando que mi madre no se mueeeraa” cada segundo domingo de mayo, sino que ahora nos ponen en la tele a mamás lloronas para que no se nos olvide rendir culto a la madre sacrificada, abnegada, entregada a sus hijos, la que deja todo por ellos, la que se despersonaliza como mujer porque cuando se es madre “el tiempo ya no es de una sino de los hijos”. Ah, y pobre de aquella madre que sí cumplió algunos de sus sueños, esa aparece en el mismo comercial, retratada como una mujer llena de culpas.

Rechazo esa imagen de la “madre abnegada” así como rechazo  todas las canciones, comerciales, y todo aquello que ronda en el inconsciente colectivo de esta sociedad, tallado con piedra, de que la madre es una mujer sufrida que vive sólo y únicamente para los hijos. Esto señores, es VIOLENCIA.

 
Después de ver ese comercial, me vestí de blanco y rojo. Blanco por la luz que quiero irradiar a los demás, y rojo por el poder que siento dentro de mí. Veo a la maternidad como un camino a la iluminación, no es la falsa luz que retratan los comerciales que venden shampoos de bebés, donde la madre pura y angelical cuida a su hijo de pocos meses de edad. Esa es una madre maquillada, la madre real estaría mínimamente con ojeras, cansancio, y en aquella bata que casi va tatuada a la piel en esta etapa. La luz a la que me refiero viene después de que la madre ha atravesado sus sombras en el puerperio, en esa fase que dicen que dura un promedio de dos años, no los cuarenta días de permiso que nos “da” el ginecólogo para volver a tener sexo.

Como dice Carl Jung, “uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad… lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino”, entonces les pido a las todas las mujeres que vivan sus sombras de forma consciente, que transiten estos dos años o más de puerperio indagando en la oscuridad de sus miedos más profundos, sus carencias afectivas más difíciles de reconocer. Lean a autoras como Laura Gutman o Casilda Rodrigañez. Si se vuelve muy duro, busquen un amoroso acompañamiento, e incluso ayuda profesional. La maternidad nos abre al amor, tener a nuestros bebés en los brazos nos envuelve en el más infinito amor. Es la más grande contradicción que podemos vivir las mujeres, por un lado hay alegría porque se vive el milagro de la vida, pero por otro lado hay dolor, y no entendemos de donde viene. Nadie nos dice que es una etapa de sombra, de introspección profunda. Nadie nos dice que después del parto o cesárea, nuestra panza desaparece y es como si explotara en mil pedazos nuestro ser que luego debemos ir reconstruyendo para formar a una mejor persona. Si no entiendes por qué no puedes o no pudiste dar de lactar, ahí hay una sombra no resuelta (quizá tu mamá no te dio de lactar, o tienes una relación tóxica con ella). Si no les tienes paciencia a tus hijos y hasta les has alzado la mano, ahí hay una sombra no resuelta o quizá una falsa idea implantada en tu inconsciente y que no nace de tu esencia. Si no disfrutas plenamente de tu maternidad, y crees que el sufrimiento, abnegación, entrega infinita, es parte de esta experiencia, ahí quizá hay una sombra. Si así lo vivió tu madre, puedes cambiar tu destino.

Después de la indagación de los miles de ¿por qués?, tarea que hemos encargado a los psicólogos en el mejor de los casos, no nos quedemos en ese pozo, ni en la culpa, agradezcamos poder saber de dónde vienen nuestros bloqueos, situémonos en el lugar de nuestros padres o personas que nos hayan hecho daño de forma consciente o inconsciente, imaginémonos cuando ellos eran niños o cuando fueron heridos, entendamos sus historias, y perdonemos. Finalmente preguntemos a nuestro ser ¿Para qué me sucedió esto?, pues para ser una mejor persona, una madre consciente, plena, feliz, luminosa, agradecida con la vida. De eso se trata la expansión de la conciencia en la maternidad.

La Abuela Margarita canta “Soy el poder dentro de mi. Soy el amor del sol y la tierra. Soy gran espíritu y soy eterna, mi vida está llena de amor y alegría”. Después de transitar por la oscuridad de forma consciente, la mujer llega allá donde dice esta sabia mujer. Este es el camino y también la meta.

Que el culto a la imagen de la madre abnegada es lo que nos ha vendido el “patriarcado” dirán las feministas, pues es verdad. Pero esta palabra incomoda a mucha gente, es muy malinterpretada, así que mejor diré que es el ego y la mente actuando desde la mente y no desde el corazón por siglos de siglos, el deseo de dominación pisoteando al amor. Es el inconsciente personal y colectivo herido y no sanado, engañándonos todos los días. Decidamos cruzar la sombra, decidamos sanar ese inconsciente lastimado, cuando lo hagamos más mujeres, podremos vivir una maternidad plena y consciente.
 
 

Creo firmemente en la maternidad como camino a la iluminación.  La mujer que ha sanado tiene la capacidad de decidir hasta aquí dominó el ego, la mente desde la mente, el inconsciente ancestral herido, y a partir de aquí gobierna el amor en mi vida y en la vida de mi familia, de mi pareja y de mis hijos. Es difícil limpiar el linaje femenino, reconocer que la madre, la abuela, no dio de lactar, no le dejaron  cargar a su hijo porque se iba a “malcriar” o a “malenseñar”, no pudo parir porque no estuvo bien sostenida, o tuvo los hijos que Dios le dio sacrificando sus sueños y proyectos personales. Cuando eso suceda, más mujeres podrán vivir una maternidad feliz, podrán compartir su vida laboral cumpliendo su misión de vida y a la vez maternando a sus hijos. Ese amor llegará también a sus parejas, quienes podrán sostener a su familia de la mejor manera.

Sueño en el día en que toda mujer pueda parir a sus hijos, no solo porque les hace bien a sus bebés decidir cuándo nacer y así librar la primera lucha de su vida, sino porque es un necesario rito de paso, el umbral energético que la mujer necesita para convertirse en madre. Sueño en el día que toda madre pueda parir  naturalmente en un sitio ambientado como si fuese hacer el amor, porque ha entendido que el parto es un acto sexual. Sueño en el día que las madres tengamos partos placenteros y no con dolor. Sueño en el día que más madres den de lactar a sus hijos, no solo porque los alimenta y los tiene sanitos, sino porque disfruta de este acto sexual, porque a veces puede tener verdaderos orgasmos dando teta a su bebé. Sueño en el día que toda madre en su etapa de puerperio sea sostenida emocional y económicamente por su pareja, un hombre fuerte, consciente y entregado a su familia, y por toda una “tribu” de mujeres amorosas, por otras madres que están viviendo o han vivido lo mismo que ella. Sueño en el día en el que toda mujer pueda realizarse profesionalmente cumpliendo su misión de vida, el propósito de su alma, sirviendo a la tierra y a las demás personas, vibrando en abundancia, y que esto no la haga menos madre, al contrario pueda compartir su tiempo y energía para su trabajo y su familia, sin ninguna culpa. Sueño en el día en que las madres no se sientan como mujeres sufridas o abnegadas, o limitadas de alguna forma, sino que sean mujeres de luz, plenas y felices.
 

 

20 de diciembre de 2014

La Liberación Sexual Femenina que no nos contaron...



Es tan grande el velo que se me ha retirado, qué no se por donde empezar a escupir todas las verdades que en este puerperio he logrado descubrir. He tardado mucho en digerirla, entenderla y plasmarla en letras. Es tanta la mentira que se nos ha hecho creer a las mujeres, que me urge soltar esto, como sanación y en el mejor de los casos, como mensaje a mis hermanas que lo leen. 

El entendimiento de la sexualidad femenina ha sido un proceso muy largo. No quiero impartir el clásico discurso victimizante que empieza diciendo que la mujer ha sido explotada y sometida a las decisiones del hombre por cientos, miles de años, etc.. Sí, fue así, y en el siglo XX, quizá en los años 20' surgieron algunas intelectuales que se rebelaron del rol de ama de casa, y a reclamar que también tenemos vida, lo más básico pues, por algo había que empezar. Luego se nos dejó votar, estudiar, ser profesionales, en fin, ya se saben la historia de memoria. Digo que es un proceso muy largo ...  al principio para exigir iguales derechos, las mujeres adoptaban una vestimenta masculina, luego en los años 60' la famosa revolución sexual que vino con la píldora, y desde ahí exigimos decisiones plenas y satisfactorias respecto al sexo y la reproducción, pero sin entender realmente la naturaleza de nuestra sexualidad, asemejándola a la naturaleza sexual masculina y occidental, a tal punto de alterar nuestros ciclos vitales y reproductivos para ser lineales igual que los hombres (Samantha, de Sex and the City, el típico ejemplo). Entonces, la revolución sexual femenina desde ahí, ha sido parecernos lo más que podemos al hombre occidental, convertirnos en lineales a través de la píldora (no cíclicas como somos), genitocéntrica, e incluso utilizar el sexo como medio de dominación y poder, además de desconocer y anular las otras facetas de la sexualidad femenina como lo son: los ciclos menstruales, el embarazo, parto, la lactancia, la autoexploración, meditación.

El descubrimiento de que mi sexualidad más allá de lo genital, empezó  cuando tuve conciencia de respetar mis ciclos menstruales, reconociendo el nivel de deseo sexual en cada fase, aprovechando cada una de ellas. En el embarazo, los senos crecen, se vuelven más sensibles, extraños calambres hacen correr una energía extraña y no sentida antes, desde la vagina hasta el útero, además del brillo de las embarazadas que personalmente, creo que nos vuelve más deseables. Luego en el parto humanizado reconocí que el hecho que haya sido doloroso, significaba que nunca tuve una sexualidad plena en todo el sentido de la palabra, pero aún así hubo mucho deseo sexual en mis contracciones, volví a lo más básico de mi naturaleza mamífera y salvaje, y el olor de los fluidos sexuales y corporales míos y de mi pareja me hicieron vibrar de una forma maravillosa, gimiendo, conectandome con lo más sagrado y a la vez con lo más terrenal. Atravecé esa barrera, ese umbral energético, cansada, pero vibrando cada célula de mi cuerpo, usando mi energía sexual para traer al mundo a mi hija. Y después, la lactancia... "La lactancia como acto sexual". Es un poco difícil de entenderlo cuando hemos reducido la sexualidad a los genitales, y yo misma no la veía como tal hasta que se me presentaron estos dos sueños…

Mi hija tenía alrededor de un mes de nacida, le daba el pecho a demanda, y todo el día pasaba prendida de mí. Llegó a ser sumamente placentero, al principio la oxitocina (hormona del amor y del placer, segregada además en el orgasmo y parto) que se genera con la lactancia hace que lleguen contracciones al útero para que se limpie, así que todo el cuerpo vibra de una forma nunca antes conocida. En el primer sueño, yo entraba a mi dormitorio y veía en mi cama a dos mujeres acostadas cubriendose el cuerpo con la sábana, se reían con mucha picardía, a carcajadas pero a la vez con inocencia. No se tocaban entre ellas, pero debajo de las sábanas podía ver sus piernas y todo su cuepo contoneándose, yo las veía y empecé a comunicarme con ellas de forma intuitiva y a saber lo que estaban haciendo, así que empecé a hacer lo mismo: ejercicios de kelgels. En cada contracción sentía más placer, y empezaba a reir a carcajadas como ellas, reinaba el ambiente una complicidad entre hermanas que se aman entre ellas con mucha inocencia, hasta que entre la risa y placer tuve un orgasmo. Jamás hubo cuerpos desnudos, ni deseo sexual como lo conocía antes, era solo conocer y disfrutar de mi cuerpo sin ni siquiera tocarlo. Cuando levanté del sueño, aún latía mi útero de las contracciones, y me sentí inmensamente feliz por esa revelación. 

Dicen que antiguamente las mujeres adoraban a Diosas que tenía cada uno un arquetipo (Deméter, Perséfone, etc), y estas se les aparecían en los sueños a revelarles secretos, pero como ahora eso no forma parte de nuestro inconciente colectivo, asociamos a mujeres que en el día a día hemos conocido, y que de alguna forma admiramos, entonces ellas toman el lugar de esas Diosas que antes las considerábamos sagradas, porque todas somos sagradas! Una de las mujeres del sueño es una chamana que admiro mucho,  que representa la sabiduría, y la otra es una chica un poco menor que yo, madre, esposa, que mezcla la responsabilidad con la inocencia y libertad. Reconocí cuánto las admiro a las dos. 

Del segundo sueño no recuerdo los detalles, solo que estaba teniendo una relación sexual con una mujer, quien a su vez me introducía su falo. No, no era un travesti, quizá un hermafrodita porque su cara era muy femenina así como su energía, pero abajo era otra cosa, y confieso que fue extremadamente placentero, tuve un gran orgasmo y cuando desperté, mi hija de alrededor de un mes de nacida estaba lactando, y yo aún sintiendo las contracciones. Me quedé en shock, eran demasiados simbolismos que interpretar, y mucha información que procesar. 

Ha pasado más de un año después de estos dos sueños. Ahora entiendo que durante el día mi mente no aceptaba bien tener placer sexual mientras daba de lactar a mi bebé, quizá al principio frenaba aquel torbellino de energía sexual que a veces me invadía cuando daba el seno a mi hija, y por eso mis sueños me invitaban a disfrutar esta otra faceta de mi sexualidad. En el primer sueño, se me reveló que puedo controlar mis contracciones, y llevarme a mi misma a un orgasmo sin siquiera tocarme. El significado del segundo sueño es más complejo, en el mundo físico yo estaba haciendo el amor con mi hija, ella estaba lactando, eramos una sola mientras yo dormía, sin embargo mi Superyó no aceptaba esta idea, así que muy astútamente el Yo le dijo "ah, quieres falo para justificar el placer?", así que lo invitó a la fiesta, pero lo dejó desencajado al Superyó al ponerle cara de mujer a la proveedora del placer. Esa mujer es mi hija, y el falo era solo una forma en que el Yo se burlaba de mis concepciones falocéntricas del sexo. 

Después de estas dos revelaciones pude entender y sentir la lactancia como un verdadero acto sexual, que ha sido autocensurada por nosotras, estableciendo horarios, completando con fórmulas, o simplemente no embarcarse plenamente en el viaje de los sentidos, disfrutando del piel con piel, de la oxitocina fluyendo por todo el cuerpo, con la que incluso podemos llegar a tener orgasmos muy placenteros. 

Entonces vuelvo la tema de la "Liberación Sexual Femenina", y puedo decir que me siento libre pariendo con amor y placer, lactando a demanda, conociendo mi útero y moviéndolo a mi gusto, conociendo mis ciclos, además de sentirme amada por mi pareja, creciendo juntos, y conociendo cada vez las múltiples facetas de la sexualidad femenina, disfrutando aquel placer desconocido, infinito y superior que tenemos, y que los hombres por muchos años han temido desatar. 

Estamos en una época de liberación, de develar mentiras, mitos. No creo en la superioridad del hombre o de la mujer, cada uno es solo el transporte del alma, pero ese transporte debemos conocerlo muy bien para sacarle el máximo provecho, para que sea un instrumento de evolución. Dice la abuela Margarita que Dios creó a la mujer para enseñarle a AMAR al hombre, y quizá por eso tenemos muchas formas de amar y de sentir placer al hacerlo. Esa es la verdadera Liberación Sexual Femenina, conocer y vivir nuestras diferentes formas de amar!

25 de mayo de 2014

Por la Semana del Parto Respetado: Qué pasa en Guayaquil?

 
Panelistas: Estefanía Aumala, Eufemia Guamán, Adriana de la Cruz, Jennifer Bertha

 
Mujeres del público contando sus  experiencias de partos
 
 
Por la "Semana del Parto Respetado" un grupo de mujeres activistas de esta causa nos reunimos el día jueves 22 de mayo en Guayaquil, en el acogedor Manso Hostal para presentar dos documentales, uno chileno y otro ecuatoriano sobre este tema que nos toca el alma, nos impulsa a que unamos fuerzas entre más mujeres y despertemos conciencia sobre un momento tan trascendental de nuestras vidas: el parto. A continuación de los documentales, tuvimos un ameno foro moderado por Mariuxi Alemán, educadora de lactancia, en el que participaron las siguientes panelistas: Eufemia Guamán, médica ginecóloga y una de las directoras del Centro Integral Ollantay, quien atendió mi parto en casa; Jennifer Bertha, doula de parto, educadora de lactancia y directora de CENIDEL; Adriana de la Cruz, Asambleísta y miembro de la Comisión de la Salud en la Asamblea Nacional, donde actualmente se está debatiendo la creación del nuevo Código de la Salud; y Estefanía Aumala, activista por el parto respetado y Jueza contra la Violencia a la Mujer y la Familia de Guayaquil.
 
Dentro de las preguntas que se discutieron en este interesante foro estuvieron las siguientes: Por qué llamar a esta, la semana del parto respetado, acaso no se respetan los partos? Qué está sucediendo con los partos en nuestra ciudad? A qué se debe el alto numero de cesáreas en Guayaquil? Cuándo fue que las mujeres trasladamos a los hombres nuestro poder de parir? Cuáles son los beneficios para la madre y el bebé, el nacimiento en un parto respetado? Estas preguntas generaron el interés del público por conocer más de este tema que es poco discutido en nuestra ciudad, donde las mujeres aceptamos imposiciones de médicos basadas en el temor, y otorgamos al sistema de salud el poder de decirnos cómo parir, de invadir nuestro cuerpo con hormonas artificiales y adoptar posiciones antinaturales para traer nuestros hijos al mundo, y en el peor de los casos aceptar operaciones innecesarias en la mayoría de casos.
 
La realidad en Guayaquil es que el índice de cesárea es mucho mayor al 15% máximo que la OMS establece. En mi familia, todas las mujeres de mi generación han traído al mundo a sus hijos por cesárea, excepto una prima que tuvo su parto normal en España, y es evidente que los nacimientos por cesárea se han vuelto la regla general, y los partos vaginales la excepción. Y sobre partos humanizados? De ese último tema ni se menciona.
 
Luego del foro, algunas mujeres relataron las historias de sus partos, unas de lucha, otras de valentía, otras empoderadoras, y otras de cierta decepción, pero todas con grandes enseñanzas. En todas las historias de partos humanizados que han ocurrido en nuestra ciudad, ninguna ha sido cuestión de suerte, todas han sido protagonizadas por mujeres bien informadas que han tenido que luchar para imponer su decisión y hacerse respetar, unas decidimos hacerlo en casa porque los hospitales no garantizan un parto respetado, otras decidieron parir en un hospital pero teniendo sus labores de parto en casa para sentirse más relajadas y apoyadas, otra escogió hacerlo en el consultorio de su partera donde tuvo toda la libertad de escoger la posición, el acompañamiento, hasta la decoración!. En fin, siempre es una lucha porque nadamos contracorriente pero la recompensa es la mejor experiencia de la vida de una mujer.  
 
Es un tema con demasiada tela que cortar, así que esperamos que este espacio sea permanente, que todas las mujeres que estén comprometidas a cambiar la forma en que nuestros hijos nacen, puedan encontrar aquí toda la información, el apoyo, la motivación, y escuchar experiencias positivas de mujeres, quienes incluso frente todas las dificultades que existen en nuestra ciudad para tener un parto respetado, lo han logrado, y también experiencias de mujeres que por falta de información y por no contar con el apoyo suficiente, han tenido cesáreas innecesarias, o experiencias traumáticas en sus partos.
 
Tenemos la firme convicción que este cambio sucederá, pero el primer paso es que las mujeres estemos informadas, unidas, apoyadas y empoderadas. La mujer debe conocer que el parto es un momento trascendental en su vida, es un umbral energético en el que se transforma de niña a madre, en que se experimenta un gran cambio de conciencia en un espacio corto de tiempo, sintiéndose al borde de la muerte para precisamente generar vida. La familia nace con el primer hijo, así que involucrar al padre en el parto es fundamental, sosteniendo a su pareja, admirando la fuerza de esa mujer que se va transformando  en madre, y sudando los dos juntos para traer a su hijo al mundo. Lamentablemente, esto difícilmente sucederá en los fríos quirófanos donde actualmente nacen los bebés en nuestra ciudad, y nosotras las mujeres somos quienes debemos exigir mejores condiciones para tener un parto respetado.
 
Mujer, si deseas más información, apoyo, sostén, aliento, en Guayaquil están los siguientes grupos que pueden darte mucha luz para que tu parto sea la mejor experiencia de tu vida:
 
 
PARIR ES PODER!

17 de mayo de 2014

Los sueños en el puerperio

Esta semana tuve una pesadilla, de las que una se levanta pidiendo perdón por todas las veces en las que una se ha quejado de algo, y termina agradecidísima con todo lo que tiene. En el sueño yo estaba embarazada otra vez, y estaba en una habitación bastante amigable esperando el momento del parto, hasta que llegaron las contracciones y empezó a salir el bebé sin mayor problema, pero un momento.... atrás venía otro... y luego .... otro .. hasta que en mis brazos me convertía en madre de trillizos, y además por ahí saltaba la hija mayor que no había salido de la escena. Llegaba a mi casa acongojada, sin poder aceptar esta tragedia que estaba ocurriendo en mi vida, me preguntaba cómo los iba alimentar, sólo son dos senos los que tengo, habrá que recurrir a la leche artificial, en qué tiempo vería a la hija mayor, cómo retomaría mi vida, tendría que dejar de trabajar... y mil preguntas que sólo me dejaban más asustada. El marido estaba ahí, en el sueño no tenía un rol importante en realidad, aceptaba la situación con resignación como diciendo "shit happens", y la vida sigue. Al día siguiente del parto iba a mi trabajo, donde tampoco me hallaba, y estando ahí recordé que tenía derecho a mi licencia por maternidad, así que regresé a casa donde me esperaban mis cuatro hijos, pero no quería ver a ninguno así que me encerré en mi cuarto a llorar. 

El rol protagónico del sueño se lo llevó la niñera de mi hija, una mujer a la que he llegado a querer y admirar muchísimo en el poco tiempo que la conozco. Tiene una hija única  de 15 años con síndrome de down, y pese a todas las limitaciones económicas, siempre tiene la mejor actitud, es cariñosa con mi hija, eficiente en todo lo que hace, y siempre tiene una sonrisa en la cara. En el sueño, cuando la culpa me atacó por haber abandonado a mis hijos, me sequé las lágrimas y me asomé a ver cómo estaban los bebés, y me sorprendí al ver que la eficiente niñera había preparado biberones, había elaborado unas pequeñas hamacas con unas telas que amarraba de los cuatro palos de la mesa de comedor, y ya los tenía bien alimentados y dormidos a los trillizos. 

Los sueños de las mujeres puérperas pueden ser así de terroríficos, el subconsciente no descansa para ponerte "in your face" todo lo que no quieres ver, todos los temores que no estás dispuesta a reconocer, lo que en el día te das cuenta pero le rehuyes porque crees que ya habrá tiempo de pensar en ello, pues no querida, aquí no se postergan las sombras, se las enfrenta y se las sana. Y si no quiero, que? Pues sencillo, tu puerperio no termina, puede durar años incluso. Así que toca descifrar los mensajes, aprender, crecer, y continuar recogiendo los pedacitos que quedan de esa mujer que antes era, y seguir reconstruyendo a la mamá en la que una se va convirtiendo. 

Y sobre el sueño? Pues lo hablé con mi marido que parece conocerme más de lo que yo me conozco (o desconozco), y me di cuenta que aunque no me quejo de los tropiezos que a veces tengo con la maternidad, dentro de mí aún habita la niñita que quiere ayuda extra, que le da muchas vueltas al asunto, que aún no se organiza bien, le echa culpas al universo, en lugar de asumir las situaciones, enfrentar los retos, y adaptarse a la nueva realidad, que por cierto es maravillosa, tengo una hija sana y alegre, un marido comprensivo y trabajador, una familia que me apoya, y un trabajo que me permite vivir cómodamente, además enseñarme tanto de la vida. 

Y no tengo trillizos! 

15 de febrero de 2014

Mi parto en casa

Desde hace tiempo, tengo pendiente de escribir sobre mi parto, y claro, criando a una bebé, trabajando tiempo completo, me di el tiempo .... y ahí va.

Había planeado tener el parto en casa, y aunque mi familia se preocupó sobre la decisión, poco a poco fui convenciendo a mi marido que no era una idea tan descabellada, le fui pintando la escena de parir juntos en la intimidad de una habitación, confiando en que el cuerpo de la mujer es sabio, y que todo iba a salir bien. De un hombre desconfiado, mi marido se volvió en un ferviente defensor del parto en casa. Convencer a mi madre no fue difícil, le recordé que su madre había parido a sus doce hijos en casa y todos nacieron sanos, además le recordé que casi todas las mujeres de mi generación en mi familia han tenido sus hijos por cesárea y que llevarme a un hospital era sentenciarme a que me ocurra eso.

Llegaron las cuarenta semanas y más, estaba desesperada en casa esperando que lleguen las contracciones, todo me empezó a fastidiar, el calor, el encierro, la monotonía, el peso de la barriga ... así que decidimos viajar a la playa esperando relajarme, conectarme con la naturaleza, y pedirle al universo un bonito parto. Sólo fue llegar a la playa y al día siguiente boté el tapón mucoso, llamé a mi doula y dijo que no me preocupara que ya estaba más cerca del parto pero podían ser horas como días. Así que caminé mucho en la arena, reí mucho con amigos, comí ligero pero delicioso y decidimos regresarnos en la noche a pesar de la intensa lluvia, ya que algo me decía que estaba más cerca del momento. 

En casa no tardaron las contracciones en llegar, las había sentido hace una semana así que pensaba que era más de lo mismo. Salimos a caminar con mi marido, y así pasamos toda la madrugada. A las cinco de la mañana pararon las contracciones y decidí descansar, cuando de repente como escena de película, al acostarme en la cama, rompí fuente de forma escandalosa, la cama empapada y el piso inundado. Aunque me había preparado tanto par este día, sentí muchos nervios y ansiedad de saber que el momento estaba tan cerca. Despertamos a mi madre, llamamos a la ginecóloga y a las siete de la mañana con el tráfico de un lunes, cruzamos la ciudad hasta llegar a su consultorio. Las contracciones se volvían más fuertes, pero sabía que por ser primeriza serían muchas horas de labor de parto, así que cuando la ginecóloga me hizo el primer tacto, recién tenía un centímetro de dilatación, así que regresé a casa a seguir haciendo ejercicios, a caminar, y esperar a que llegue la bebé. 

Lo maravilloso del parto en casa, es que están todas las personas que quieres que te acompañen, que tienes la libertad de hacer lo que desees para relajarte y así los dolores de parto se hacen más llevaderos. No me imaginaba pariendo en la frialdad de un quirófano, obedeciendo órdenes del médico, reprimiendo mis gritos, o manteniéndome inmovilizada cuando mi cuerpo pedía movimiento. En casa, podía caminar, abrazar a mi pareja en cada contracción, pisar la tierra si así lo quería, darme un baño de agua caliente en la tina, o un masaje con aceites, comer frutas o lo que me apeteciera. Pasé toda la mañana bien atendida, mimada, sostenida, como toda mujer debe ser tratada en su labor de parto. Al mediodía llegó la ginecóloga y mi doula, las contracciones seguian más seguidas pero no llegaba ni a cuatro centímetros y ya tenía más de seis horas de labor de parto. Nadie siquiera insinuó que debía ser más rápido o que podíamos acelerar el proceso, el cuerpo es sabio y demora en expandirse, y cuando se le respetan sus tiempos no se necesita ningún suero o químico artificial para dilatar. 

El parto tiene dos etapas: en la primera, la mujer aún es consciente de lo que sucede y aún le da cabida a la mente para que opine, dirija, piense; y en la segunda etapa la mujer es un animal, el instinto se apodera de ella, se queda únicamente la mamífera que tiene el recuerdo de cientos de miles de años, en los que hemos sabido cómo parir. El problema de muchas mujeres en la actualidad, es que no pueden abandonar la mente, y la mente no pare, lo hacen el cuerpo y el instinto. En muchos casos, no se deja a la mujer conectarse con su lado instintivo, y las interrupciones de los médicos, enfermeras, o el ambiente frío y luminoso de una sala de parto, impiden a la mujer esa regresión a lo más básico de su naturaleza mamifera. Es importante que el ambiente sea cálido, de preferencia oscuro para asemejarse a una cueva, y que estén a lado de la mujer, personas de su entera confianza. 

Mi segunda etapa de labor de parto empezó en la tina de baño. Cansada de las contracciones, la falta de sueño, y la intensidad del momento, tomé un baño de tina en agua caliente. Antes de entrar a la tina, aún me gobernaba la mente, pero en el agua tuve un sueño que hasta hoy no logro recordar, sólo se que tuve un viaje profundo del que fui despertada por una contracción que vino con una energía tan fuerte que me destempló la cara, y mis ojos a partir de ese momento cambiaron su mirada. Ya no era yo, era el animal instintivo, fuerte, con deseo sexual, que gemía y que en cada contracción no esperaba que le den la mano, sino que se levantaba y se acuclillaba sola. Recuerdo a mi doula diciéndole a mi marido, "ya está lista", ya no me sentía bien en el agua, quería tocar el suelo, así que salí de la tina. 

El parto es un acto sexual, y sólo quien ha tenido un parto respetado y natural lo puede entender. Bien dicen que para bailar y tirar no se debe pensar, pues lo mismo ocurre en el parto. Recuerdo que en una contracción me acuclillé y me quedé en esta posición contoneándome y gimiendo exactamente igual que en una escena de sexo, en esta posición mi cara quedó frente a la pelvis de mi marido, así podía percibir su sexo y esto me hacía gemir más, me invadía el deseo sexual tan necesario para parir. Esta escena luego me hizo reflexionar sobre lo falocéntrico del comportamiento sexual de la mujer (tema de otro post), y es que el cuerpo de la mujer es tan abundante en sensaciones, excitable de tantas formas, siendo el parto, la lactancia, hasta la menstruación, experiencias sexuales de cuyos placeres nos privamos por desconocimiento o tabú.

Siguiendo con mi relato, debo recalcar la labor de la ginecóloga, que durante todo este tiempo jamás dirigió la labor de parto sino que esperó pacientemente incluso afuera del dormitorio. Fue como lo escribió Michel Odent en su libro "el parto renacido", donde dice que su labor como medico en los partos, es de mero espectador que ve la escena desde la puerta entreabierta de la habitación. Cuando salí de la tina, la ginecóloga me hizo el tacto y de seis centímetros, durante el tiempo que estuve en la tina, llegué a los nueve centimetros!. 

Se venía la expulsión, y yo sentía que ya tenía a la bebé coronada. Sabía que cuando llegase el momento, mi cuerpo escogería la posición adecuada para parir, así que en cada contracción sólo me acuclillaba sostenida por mi marido, para que siga bajando la bebé. Pasaban los minutos que se hicieron horas, y llegó el momento de pujar. Yo ya estaba demasiado cansada, Ya eran las cinco de la tarde y venía pujando por más de una hora, miraba el reloj y el tiempo pasaba tan lento, me desesperé un poco al ver que la bebé no bajaba, pero a la vez sabía que tenia que sacar a la supermujer que tenía dentro, dar lo que nunca había dado en mi vida, porque habían sólo dos opciones: o paría o moría!. La clínica más cercana estaba clausurada, el hospital más cercano estaba a unos cuarenta minutos de distancia, y ya en este punto no había marcha atrás. Tratamos varias posiciones, hasta que me senté en la bola de plástico, mi doula atrás, mi marido adelante y la ginecóloga en el piso de cuclillas lista para recibir a la bebé. Siempre me decían que la mujer sabía cuando pujar, pero yo estaba tan desesperada que sólo esperaba la contracción para pujar con todas mis fuerzas, y así salió la cabeza de Naomi pero la contracción habia parado y no tenía fuerzas para pujar, la ginecóloga me decía que no podía parar porque la bebé ya estaba afuera. Imploré al universo, a mis abuelas, miraba el cuadro de mi abuela, pedía que ya naciera mi bebé, y llegó otra contracción muy pronto, y con esa fuerza di el último pujo. En ese momento la ginecóloga vio que el cordón estaba enredado y que era corto, así que inmediatamente lo pinzó y cortó, y al hacer esto inmediatamente salió Naomi.

En el momento que nace un bebé, en un segundo se pasa de la muerte a la vida, del dolor al placer, de la tensión a la paz infinita. Naomi estaba sobre una toalla sobre el piso, inmóvil, cansada, por unos segundos pensé que no tenía vida, pero la ginecóloga la levantó de los piés, su sangre llegó a su cabeza y empezó a moverse sin emitir ningún sonido, dio su primera respiración y empezó a llorar. Todos en la habitación estábamos tan conmovidos con la escena, limpiaron a la bebe con paños húmedos, e inmediatamente me la dieron. Yo seguía sentada en el suelo, y al recibir a Naomi sentí que me abrazó con piernas y brazos, y podía escuchar que con su llanto decía maaaaaa maaaaaa, yo lloraba de felicidad, ni siquiera la revisé, sabía que ella era perfecta. Todos en la habítación, celebraban un momento de tanta felicidad, escuchaba como decían Bienvenida Naomi!, y yo seguía sentada en el suelo drogada del coctel de hormonas que mi sabio cuerpo estaba experimentando por primera vez, la dosis de amor que me estaba transformando en madre. Mi cuerpo lo había dado todo, pero la adrenalina estaba tan alta que podía pasarme un camión encima y no habría sentido ningún dolor. Con mi bebé sobre mi vientre, vino una contracción más y así salió mi placenta. Todo el embarazo muchos intentaron preocuparme por mi supuesta anemia, y a pesar de que el dormitorio parecía una carnicería de tanta sangre que había, la doctora dijo que no me desangré ni un poquito, y tuve un desgarre mínimo en los labios menores que fue cocido en ese momento.

Mientras la doctora me cocía, mi marido sostuvo por primera vez a su hija, mi hermana captó una foto hermosa en la que ella posaba su mirada fijamente en él. Cuánta fuerza tiene la mirada de un recién nacido cuando ha llegado cuando ha querido llegar, cuando se le ha respetado que la transición no sea tan impactante, cuando está listo y ya no busca recogerse sino estirarse y conocer el mundo. Así era Naomi, no aceptó envolverse, dormía con sus piernas y brazos estirados, enseguida agarró el pezón y succionaba como una campeona. Pesó 8 libras y midió 52 cm, me costaba creer que una bebé tan grande había salido de mí, que después de tantos meses con una supuesta anemia, la bebé estaba tan sana, y aunque yo terminé muy agotada, no necesité más reanimador que un caldo de gallina criolla, como es costumbre acá alimentar a las "parturientas".

Ya han pasado siete meses y medio desde el nacimiento de mi hija, y me debía a mi misma escribir sobre este momento. Después de mi experiencia, creo que el parto no medicalizado y respetado es tan necesario para todas las mujeres, es una gran medicina que sana el espíritu, además de todos los beneficios que trae al bebé, a la fluidez de la lactancia, y demás consecuencias positivas evidentes. El hecho de cruzar la barrera entre la muerte y la vida, te hace sentir una guerrera, te devuelve la confianza en ya no sólo creer sino saber que si tienes la fuerza para parir un bebé, la tienes para alcanzar todo lo que te propongas. Creo que esta transición de convertirse en madre es tan intensa, porque conlleva a que algo de esa mujer que eras antes, deba morir para que renazca otra mujer, más fuerte, más sabia, más amorosa, más intuitiva, es decir, una MADRE.

El parto de mi hija me trajo tantas enseñanzas que no terminaría de escribirlas sino en un libro, pero para las mujeres que deseen un parto respetado, sé que en mi ciudad Guayaquil, así como en muchas ciudades, no es fácil conseguir una partera, obstetriz o ginecóloga que acepte el parto en casa, y que la sola idea puede llevar a que la familia, amigos, conocidos, te juzguen de loca e irresponsable por supuestamente exponer al bebé a cualquier imprevisto que ameritase intervención hospitalaria, pero si el embarazo es de bajo riesgo, lo primero que necesitas es convencerte a tí mismo de que puedes hacerlo, de que tu cuerpo es sabio, y así le darás la seguridad a las personas que te rodean para sentirte apoyada.

Agradezco infinitamente a la Dra. Eufemia Guamán que confió en mí desde el principio de mi embarazo, y sobrepasó mis expectativas en todo sentido. A mi doula Andrea Hernández, por entregarse en cuerpo y alma a la experiencia, sé que también fue un renacer para ella. A Javier, mi compañero de vida, por su infinito amor y apoyo incondicional, por defenderme y cuidarme, aquí paríamos los dos o no paría nadie. A mi madre, que pese al miedo en que algo malo me pueda suceder, nunca me lo demostró para no desanimarme, gracias por la ternura de bañarme en esa tina como cuando era una niña, gracias a que siempre apoyó el parto en su casa, pude sanar mucho mi relación con ella. A mi padre, por la motivación, por ser mi mayor fan, porque nunca dudó en que no sólo era una buena decisión, sino la mejor decisión. A mi suegra Carmen, por sus oraciones que me acompañaron desde mi embarazo hasta el parto. A toda mi familia, porque de alguna manera estuvieron ahí apoyándome.

Y sobre todo, a mi hija Naomi Violeta, por escogernos como sus padres, por decidir venir a este mundo de tan bonita manera, por la sabiduría y la medicina que traes a nuestras vidas.